¿SABÍAS QUE LA INSULINA...?
Una de las enfermedades que no tenían paliativo hasta finales del S. XIX fue la diabetes.
A
fines del siglo XIX los médicos alemanes Joseph von Mering y Oskar
Minkowski descubrieron que al extirpar el páncreas a unos perros, éstos
padecían diabetes.
Al comenzar el Siglo XX, en 1901, el patólogo
estadounidense Eugene Opie descubrió los islotes de Langerhans, formados
por cambios degenerativos de células pancreáticas, y la relación del
mal funcionamiento de estas células con la diabetes.
Sharper-Schafer
descubrió que la sustancia que estos islotes secretaban, controlaba el
metabolismo de los carbohidratos, es decir que el páncreas realiza la
función de transformar en energía el azúcar que se ingiere con los
alimentos, la transforma en glucosa y ésta pasa a la sangre.
Cuando
se reduce la producción de esa sustancia por un mal funcionamiento de
esta glándula, aumenta la cantidad de azúcar en sangre y se produce la
hiperglucemia, provocando serios transtornos que atacan la salud del
enfermo.
Esta importantísima sustancia, necesaria para los diabéticos
dependientes de ella, fue aislada recién en 1921, por los científicos
canadienses Charles Best, John James Richard Maclend y Frederick
Banting, quienes le dieron el nombre de insulina.
John James Richard Maclend y Frederick Banting recibieron en 1923 el Premio Nóbel de Medicina por este descubrimiento.
La insulina, en sus principios, era obtenida de animales, especialmente de los cerdos.
En
1955, el bioquímico inglés Frederick Sanger estudió la estructura
molecular de la insulina, y a partir de este estudio, diez años después,
los trabajos del bioquímico estadounidense Michael Katsoyannis y de un
grupo de científicos de la República Popular China, la insulina fue
sintetizada.
En la década de los años 80, en el S. XX, a partir de la
división del ADN de ciertas bacterias, la ingeniería genética obtuvo
insulina humana, uno de los mayores acontecimientos médicos del S. XX.
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