SOMBREROS, SIGLO VEINTE Y DESPEDIDA
Las guerras trajeron como consecuencia el desuso de los
sombreros y por supuesto dejaron a un lado todo el significado que
estos proyectaban con su uso. Los tiempos violentos llevaron al mundo a
adoptar prendas de vestir más cómodas y acordes con su realidad.
Sin
embargo, a principios de siglo los hombres utilizaron los famosos
sombreros de copa y las mujeres adoptaron el uso de sombreros grandes y
muy vistosos con diseños que en algo rememoraban elementos orientales.
Para 1920, la moda en la mujer da un vuelco y para satisfacer sus deseos
y coquetería aparecen los sombreros tipo campana, ajustados a la
cabeza. Para la década de los 30 los sombreros casi desaparecen, ya que
tanto hombres como mujeres tienden a la practicidad, más que a la
vistosidad y elegancia.
Hoy
en día, y en especial en América Latina el uso del sombrero como
atuendo fundamental del guardarropa, es cosa del pasado. Aunque muchos
jóvenes hoy en día han retomado esta prenda del vestir como elemento
para diferenciarse de los demás, llamar la atención o expresar su
irreverencia. El común de las personas sólo utiliza los sombreros para
protegerse del clima como es el caso del invierno o para protegerse del
sol en los fuertes veranos. Sin embargo, como toda regla tiene su
excepción, en Europa y especialmente en Inglaterra, el sombrero sigue
siendo esencial en ciertos eventos matutinos, ya que es símbolo de
etiqueta y buenos modales.
La
confección de sombreros como "arte" surgió hace más de trescientos
años, para satisfacer las demandas del exigente gusto de las mujeres.
Aunque, las mejores escuelas se encuentran en Londres, el nombre con el
que se le conoce a esta práctica: "millinery" viene de Milán, pues de
allí es que provenían los instrumentos y equipos necesarios para crear
los tocados de las mujeres del siglo XVIII.
A
pesar que el arte de hacer sombreros nació para satisfacer a las
féminas, la confección de estos es realizada exclusivamente por hombres,
ya que el manejo de los materiales requiere cierta fuerza en manos que
las mujeres no tienen. Al ser un trabajo manual, los precios de los
buenos sombreros son elevados pues requieren de un gran esfuerzo y horas
de trabajo.


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